Óscar Arroyo escala a la cima del chupinazo en Zizur Mayor

El vecino de la localidad desde hace 27 años se encargará de lanzar el cohete festivo tras culminar este año con el Everest la subida a los siete continentes

La mujer de Óscar Arroyo, Idoia, siempre le dice que en la vida tiene suerte en dos cosas: con la temperatura en la montaña y para encontrar aparcamiento en el centro de Pamplona.

Ahora, después de subir hasta la cima de los picos más altos de los conocidos siete continentes, Arroyo prenderá la mecha de las fiestas de Zizur Mayor este miércoles. Se lo comunicaron el pasado 6 de este mes: “No me lo esperaba. He estado 14 años con la bandera de Zizur Mayor y sabía que era una opción, pero fue una sorpresa”. Después de llevar la enseña de su pueblo a lo más alto del mundo, ahora tiene una nueva responsabilidad, colocarla en el Ayuntamiento para lanzar el cohete festivo: “Es una gran ilusión y un orgullo muy grande”.

Nació en San Sebastián, pero a los dos años se mudó a Pamplona porque destinaron ahí a su padre. En el año 99 se casó y se instaló junto a Idoia en Zizur Mayor, donde nacieron sus tres hijos: Saioa, Estíbaliz e Íñigo.

Su relación con la montaña empezó en la adolescencia, más concretamente en las excursiones de los scouts en la parroquia de Cristo Rey. Arroyo siguió indagando en la naturaleza. Estudió biología en la Universidad de Navarra, donde conoció a Javier García. Junto a él comenzó a escaparse al Pirineo finde sí finde también. Sin carnet de conducir, haciendo autostop. “A la aventura”, como dice él. Se buscaban la vida y cada salida tenía su punto de emoción: “Íbamos con brújula y mapa. Perderse era parte de la experiencia”. Y lo mejor de todo, “sabía a gloria”. Montañero de la vieja escuela.

Los siete continentes 

Para los años que lleva en esto, Arroyo considera que no le ha pasado gran cosa. Fue poco a poco, “sin saltar escalones”. Empezando por lo más fácil y progresando paulatinamente. Pirineos, Alpes, Nepal…

El 2000 fue un año clave en su trayectoria. Hizo la Transpirenaica y conoció amigos que pasaron a ser importantes para su afición a la montaña. Y como todos los amigos, de vez en cuando se pican. En su caso fue por un programa de El Conquistador en Aconcagua. Y un año después, ahí estaban algunos de ellos. Subiendo los casi 7.000 metros de la cima más alta de América del Sur. Y fue “muy duro”. Se le congelaron los dedos y pensó que no haría algo así nunca más.

Pero tenía que volver. El monte tiene algo que engancha: “Es una sensación de austeridad y libertad. Te aleja del mundanal ruido”. Ahí empezó el objetivo que le ha acompañado la última década y media.

Y lo ha hecho con la bandera de Zizur Mayor: “Se me cruzó el cable y hablé con el alcalde porque pensé que nadie del pueblo había subido el Aconcagua”. No tenían una grande, así que llevó el banderín que tenía el primer edil en su despacho. Desde entonces, la bandera azul y blanca de Zizur Mayor ha sido fotografiada en el punto más alto de los siete continentes.

Óscar Arroyo, en otra imagen con el pañuelico rojo de fiestas, que este miércoles abrirá con el chupinazo. Iñaki Porto

En 2014 subió el Elbrús, en Rusia, junto a amigos. Y se fueron sucediendo cada dos años. Al Kilimanjaro, en Tanzania, ascendieron en 2016, y Arroyo valora que ha sido “el más fácil”. En 2018 coronaron la Pirámide de Carstensz, la más alta de Oceanía y ubicada en Papúa Nueva Guinea: “Fue como vivir un documental. Vivíamos con tribus locales, dependíamos de ellos”. Estuvieron cinco días atravesando la jungla para llegar al campo base y se sentían “unos extraños”.

Por la pandemia se vio obligado a parar algún año, pero en 2022 retomó el proyecto con la subida a Denali, el monte más alto de América del Norte, ubicado en Alaska. Sus amigos ya no llegaron a tanto y ascendió mano a mano con el montañero navarro Josema Casimiro. Considera que, tras el Everest, “fue el más duro”. Aunque no el más frío. Ese fue Vinson, pico más alto de la Antártida que coronó en 2024. La temperatura más suave fue de -15º grados y en la cima estaban a -35º: “Andando se aguantaba bien, pero parado o con viento era la muerte”.

Subida al Everest

Pero, al igual que Idoia, Arroyo también reconoce que el tiempo ha estado de su lado. por eso ha conseguido algo no tan habitual, conquistar los siete picos al primer intento.

De esta forma, en 2026, hace escasos meses, llegó la joya de la corona, el Everest. La última de las siete y la más preciada. Le dedicó ocho semanas y fue “lo más duro”. Cuando llegó no lo veía nada claro, pero subiendo “poco a poco” se dio cuenta de que “era un tema mental”.

El 19 de mayo a las 18.30 horas salieron hacia la cima. El 20 a las 7.00 vio el mundo desde el punto terrestre más alto del planeta: “No me lo creía, después de haber visto pelis y leído historias es una locura”.

Estuvo media hora en la cima –no le habría importado que fuera más tiempo– y lo primero que hizo fue sacar el móvil. Y eso que a Arroyo le gusta respetar el tiempo de desconexión en la naturaleza. Pero le salió grabarse un vídeo dándole las gracias a su familia y amigos que le han acompañado desde el principio: “Yo lo he subido, pero es un proyecto de todos. Me puse sentimental”.

Su familia no ha llevado mal el proyecto de los siete continentes porque también participan “del mundillo”. A todos les gusta el monte y han hecho numerosas excursiones la familia entera. Pero en el Everest fue distinto: “Al coronar la cima estuvimos diez días sin hablar sabiendo el riesgo que existía”. Pero Idoia conoce “las reglas del juego” y siempre ha sido un apoyo incondicional que le ha animado a continuar.

Este miércoles, tras coronar tantos picos, toca poner la guinda y conquistar el Ayuntamiento de Zizur Mayor para lanzar un chupinazo que llene de alegría la localidad.