El fotógrafo ha sido trasladado hasta el HUN con una quemadura en el pie y los dedos amoratados, pero ha podido recibir el alta
Oskar Montero, fotógrafo de este periódico, no empezó con buen pie el chupinazo de Noáin, aunque tuvo suerte porque esta mañana le dio «por ponerse unas zapatillas, aunque no eran muy buenas, pero algo me han hecho porque me ha explotado el cohete en el pie», ha comentado. Es uno de los tres heridos que había sido trasladado hasta el Hospital Universitario de Navarra porque presentaba una quemadura en el pie, además de los dedos amoratados. Según ha relatado, antes de que dieran las 12.00 horas había avisado a unos menores para que se pusieran por detrás de las primeras filas «porque podía resultar peligroso», ha recordado casi como un presagio.
Momento en el que lo iban a trasladar hasta el Hospital Universitario de Navarra. Unai Beroiz
Tras el primer cohete, con el que ha empezado a sonar Ánimo pues, Oskar se ha adelantado hasta el borde del balcón para inmortalizar a los más pequeños recogiendo los caramelos que lanzaban desde arriba. Pero, parece ser, han saltado las chispas de los primeros cohetes y han caído sobre las mechas del resto que portaba uno de los trabajadores del Valle de Elorz —en torno a una docena, según ha comentado— que no tenían el plástico protector y «han empezado a saltar. Varios han caído hacia abajo, otros sobre el suelo donde estábamos. Yo me he intentado apartar tratando de proteger la cámara, pero me he terminado cayendo sobre los que tenía detrás y uno de los chupinazos se ha reventado en mi pie», ha explicado. En ese momento, ha gritado de dolor, pero, por suerte, «eran ya los cohetes con menos chispa, así que no ha sido tan grave». También se ha visto afectado uno de los cámaras de Navarra Televisión que presentaba las mismas heridas que él. En primera instancia, lo han atendido en la sala de plenos, donde le han puesto una inyección y posteriormente lo han trasladado hasta el HUN con pronóstico reservado. «Los médicos han visto que tenía el pie morado, pero que lo podía mover, así que me han dado el alta. Se ha quedado en un susto y en una anécdota para la posteridad», ha dicho entre risas.
Con todo, sí que ha comentado que lo ocurrido ha sido «poco habitual» porque de vez en cuando en otros chupinazos —que lleva varios a sus espaldas— han tenido lugar incidentes de este tipo, pero mucho menos graves. «Al principio, ha sido muy caótico porque había muchos críos llorando y estaban asustados porque podía haber afectado al oído de las personas, pero no ha sido nada», ha indicado. Así, agradece la rápida actuación y la preocupación de compañeros, amigos y conocidos. Hoy seguirá currando y, mañana, otra vez. Pero esta vez sin sustos «porque entre Iñaki —también fotógrafo de este periódico; un toro saltó en las fiestas de Tafalla justo donde él se encontraba— y yo… llevamos ya unos buenos sustos», se ha reído.
