Cientos de personas se congregan a diario en Arguedas para presenciar las tardes de toros en sus jornadas festivas
No dejan lugar a la duda, en Arguedas las tardes festivas son para los toros y nada más. Los espectáculos taurinos dan comienzo a las 18.00 horas de la tarde con el Encierro del Estrecho –el de este martes acabó 20 minutos después– y se prolongan hasta pasadas las 20.00 horas, donde la población se da cita en la plaza de toros para presenciar los recortes a las reses.
La temperatura, sofocante aún en la zona de la Ribera, no es motivo suficiente para perderse el tercer día de toros. La ladera da la impresión de ser un lugar sagrado para Arguedas. Una figura de San Esteban junto a una veintena de pañuelicos tienen lugar privilegiado. La gente se aposta en las gradas portátiles para encontrar la mejor visión posible y estirar el mayor tiempo la escasa sombra que cubre el Estrecho.
Al mismo tiempo, los corredores y recortadores empiezan a subir al vallado y la pequeña grada a la que intentan llevar a las vacas para que trepen por la ladera. Un objetivo para el cual cuentan con que los astados volverían al lugar en repetidas ocasiones para tener la oportunidad de citarles. “Ahora hay mayor seguridad. Es más difícil que ocurra algo como lo de culebra”, manifiesta Pablo en relación a un encierro de otra edición festiva. En él, una de las vacas se precipitó por la ladera instantes después de subir a ella.
La txaranga indica que llegaban los animales. A falta de tan solo tres minutos, el camión asciende hasta el corral ante la expectación de los asistentes. Una jota a San Esteban anticipa el lanzamiento del cohete.
“A ver si hay suerte y alguna tira montaña arriba”, comentaban los vecinos de Arguedas. Pese a que un par de vacas amagaron y despertaron “uyys” en el público, el encierro del estrecho del martes transcurrió tranquilo. Guiados por los pastores, la decena de astados, de la ganadería Santos Zapatería, de Valtierra, hicieron un último acto de presencia juntos y se dio por concluido tras 20 minutos.
Una tarde completa
“Es bastante largo. Va por tramos para que haya gente viendo en todos los puntos y de tiempo a desplazarse”, expresa Tomás Arbide, asistente a los actos. Poco tiempo después –y movimiento en masa mediante– empieza el encierro de la concha, en el que las vacas recorren el pueblo para llegar hasta los corrales de la plaza de toros. Pocos corredores se atreven a ponerse frente a la manada en este tramo. El inicio en una larga cuesta abajo provoca que cubran los metros con velocidad endiablada.
Una de las vacas amagó con saltar la valla ante las citas del recortador Moha Nabil. Unai Beroiz
La plaza de toros supone el fin de la jornada. En ella destaca la labor de recortadores como Moha Nabil, un habitual en las fiestas del sur de la comunidad foral y que el año pasado sufrió un percance con una vaca en Cadreita. Entre él y los escasos naturales de Arguedas que bajaron al ruedo, trataron de ofrecer espectáculo a las cientos de personas que ocuparon las gradas.
Entre vacas, carreras y olés, la tarde fue tocando de forma inevitable a su fin. El municipio vivió una nueva tarde en torno a los festejos taurinos. Una menos hasta el 9 de agosto, cuando no quedará otra que devolver el pañuelo rojo al cajón y esperar a San Esteban de 2027.




